lunes, 28 de noviembre de 2011

Abrazo Nocturno. Capitulo 1 (novela con Nick)

Los fuegos rugientes del pueblo ardían a gran altura en la noche, lamiendo el cielo oscuro como serpientes enroscándose a través del terciopelo negro. El humo flotó en el aire a través de la oscuridad brumosa, acre con el perfume de muerte y venganza.

La vista y el olor deberían traer alegría para Nick.

No lo hizo.

Nada le traería alegría otra vez.

Nada.

La amarga agonía que fluía dentro de él lo dejaba incapacitado. Debilitado. Era más de lo que podía soportar y ese pensamiento era casi suficiente como para hacerle reír.

O maldecir.

Aye, él maldijo desde el intolerable peso de su dolor.

Uno por uno, él había perdido a cada ser humano en la tierra que alguna vez había significado algo para él.

Todos ellos.

A los siete años, se había quedado huérfano y con la pesada responsabilidad de cuidar a su hermana recién nacida. Sin un lugar a donde ir e incapaz de alimentarla, había regresado al clan que una vez había sido liderado por su madre.

Un clan que había desterrado a sus padres antes de su nacimiento.

Su tío había estado en su primer año como rey cuando Nick ingresó a la fuerza en su gran salón.

A regañadientes el rey lo había aceptado a él y a Ceara, pero su clan nunca lo había hecho.

No, hasta que Nick los forzó a ello.

Ellos no respetaban su ascendencia, pero Nick les había hecho respetar su espada y temperamento. Respetar su voluntad para mutilar o matar violentamente a cualquiera que lo insultara.

Cuando alcanzó su edad viril, nadie se atrevía a desafiarlo para burlarse de su nacimiento o impugnar el recuerdo de su madre o su honor.

Había crecido dentro de las tropas de guerreros y había aprendido todo lo que podía acerca de armas, peleas, y liderazgo.

Al final, había sido unánimemente votado como el sucesor de su tío por las mismas personas que una vez se habían burlado de él.

Como el heredero, Nick había permanecido al lado derecho de su tío, protegiéndolo implacablemente hasta que una emboscada enemiga los había cogido desprevenidos.

Herido y agonizando, Nick había sostenido en sus brazos a su tío Idiag mientras moría de sus heridas.

-Cuida a mi esposa y a Ceara, chico -su tío murmuró antes de morir-. No me hagas lamentar el haberte aceptado.

Nick lo prometió. Pero unos pocos meses más tarde, encontró a su tía violada y asesinada por sus enemigos. El cuerpo profanado y dejado como presa para los animales.

Menos de un año después, él acunaría contra su pecho a su preciosa esposa, Nynia, mientras ella exhalaba su último aliento dejándolo totalmente solo, despojado de su tierno y reconfortante contacto.

Ella había sido su mundo.

Su corazón.

Su alma.

Sin ella, él ya no tenía deseos de vivir.

Con su espíritu tan quebrado como su corazón, había colocado a su hijo nacido muerto en los brazos sin vida de ella y los había sepultado a los dos juntos al lado del lago donde él y Nynia habían jugado cuando niños.

Luego, había hecho como le enseñaran su madre y su tío.

Había sobrevivido para dirigir a su clan.

Dejando a un lado su amargura, había vivido sólo para el bienestar del clan.

Como un cacique, había derramado bastante sangre como para llenar el mar rugiente y había recibido incontables heridas en su carne por su gente. Condujo a su clan hacia la gloria en contra de todos los clanes del centro y del norte que habían tratado de conquistarlos. Con casi toda su familia muerta, le había dado a su clan todo lo que tenía. Su lealtad. Su amor.

Él aun les había ofrecido su vida para protegerlos de los dioses.

Y en un latido, los miembros del clan habían tomado lo último en la tierra que había amado.

Ceara.

Su apreciada hermana pequeña por la que él había jurado a su madre, padre, y tío que la protegería a cualquier precio. Ceara con dorados cabellos y risueños ojos ámbar. Tan joven. Tan amable y confiada.

Para satisfacer la ambición egoísta de uno, su clan la había matado violentamente ante sus ojos mientras él yacía atado, incapacitado para detenerlos.

Ella había muerto llamándole para que la ayudara.

Sus gritos horrorizados todavía sonaban en sus oídos.

Después de la ejecución, el clan se había vuelto contra él y le había quitado la existencia igualmente. Pero la muerte a Nick no le había aliviado. Él había sentido sólo culpa. Culpa y la necesidad para enmendar los agravios hechos contra su familia.

Esa necesidad vengativa había transcendido todo, aún la muerte misma.

-¡Que los dioses los condenen a todos ustedes! -Nick atronó a la ardiente aldea.

-Los dioses no nos condenan, nos condenamos nosotros mismos con nuestras palabras y acciones.

Nick dio la vuelta abruptamente a la voz detrás de él para ver a un hombre vestido todo de negro. Llegando a la pequeña subida, este hombre era diferente a cualquiera que él hubiera visto antes.
El viento de la noche formaba remolinos alrededor de la figura, ondulando la capa tejida mientras
caminaba con una gran vara retorcida de guerrero, sostenida en su mano izquierda. La oscura y
antigua madera de roble tenía tallados símbolos y la parte superior estaba decorada con plumas
sostenidas por un cordón de cuero.

La luz de la luna bailaba sobre el cabello negro que llevaba peinado en tres largas trenzas.

Sus ojos plateados y brillantes parecían cambiar como una misteriosa niebla. Esos ojos encendidos
eran extraños y escalofriantes.

Parado tenía la medida de un gigante. Nick nunca antes había tenido que levantar la mirada ante
nadie y este extraño tenía la altura de una montaña. No fue hasta que el hombre se acercó, que
Nick se percató que era sólo unos centímetros más alto y no tan mayor como al principio le
pareció. Ciertamente, su estilo era el de un joven que estaba en el precioso umbral entre la
adolescencia y la madurez.

Hasta que uno lo veía más de cerca. Allí, en los ojos del desconocido, yacía la sabiduría de
los años. Éste no era un muchacho, era un guerrero que había peleado duro y había visto
demasiado.

-¿Quién es usted? -preguntó Nick.

-Soy Acheron Parthenopaeus -dijo con acento extraño pero perfectamente en la lengua céltica natal
de Nick. Fui enviado por Artemisa para entrenarte para tu vida nueva.

La Diosa griega había dicho a Nick que esperara a este hombre que había vagado por la tierra desde
tiempos inmemoriales.
-¿Y qué me enseñará usted a mí, hechicero?

-Te enseñaré a matar violentamente a los Daimons que cazan en la humanidad desventurada. Te
enseñaré a esconderte durante el día a fin de que los rayos del sol no te maten. Te mostraré
como hablar sin revelar tus colmillos a los hombres y todo lo demás que necesites saber para
sobrevivir.

Nick rió amargamente mientras un dolor cegador lo atravesaba otra vez. Estaba tan adolorido y
herido que escasamente podía respirar. Todo lo que quería era paz.

Su familia.

Y ellos ya se habían ido.

Sin ellos, él ya no tenía deseos de sobrevivir. No, él no podía vivir con este peso en el
corazón.

Miró a Acheron.

-Dígame, Hechicero, hay algún hechizo que pueda terminar con la agonía de esta maldición.

Acheron le lanzó una mirada dura.

-Sí, Celta. Yo te mostraré como enterrar el dolor tan profundamente que no te molestará nunca
más, pero ten en cuenta que nada es dado libremente y ninguna cosa dura para siempre. Un día algo
vendrá para hacerte sentir otra vez y con ello vendrá todo el dolor del tiempo sobre ti. Todo lo
que has escondido saldrá y no sólo podría destruirte, sino a cualquiera cerca de ti.

Nick ignoró esa última parte. Todo lo que quería por ahora era un día en donde su corazón no
estuviera quebrado. Un momento libre de su tormento. Estaba dispuesto a pagar cualquier precio por
eso.

-¿Está seguro que no sentiré nada?

Acheron asintió.

-Te lo puedo enseñar sólo si me escuchas.
-Entonces enséñeme bien, Hechicero... Enséñeme bien.

Era una de esas noches. Del tipo que le hacía preguntarse a __________ Runningwolf por qué se
había tomado la molestia de dejar su loft.



¿Cuántas veces puede perderse una persona en una ciudad en donde ha vivido toda su vida?

El número parecía infinito.

Por supuesto, ayudaría si ella pudiera concentrase, pero su atención tenía la duración de una
pulga enferma.

No, realmente ella tenía la atención de un artista, que rara vez se quedaba enfocada en el aquí y
ahora. Como un tiro de honda fuera de control, sus pensamientos iban a la deriva de un tema a otro y
luego hacia atrás otra vez. Su mente constantemente estaba vagando y repasando rápidamente nuevas
ideas y técnicas, la novedad del mundo a su alrededor y cómo capturarlo mejor.

Para ella había belleza en todas partes y en cada pequeña cosa. Era su trabajo mostrar esa belleza
a los demás.

Y ese edificio que estaban construyendo, dos o tres, tal vez cuatro calles más allá, la había
distraído y llevado a pensar sobre nuevos diseños para su alfarería mientras vagaba a través del
Barrio Francés hacia su cafetería favorita en St. Anne.

No es que ella bebiese esa cosa nociva. Ella lo odiaba. Pero el retro-beatnik[1] Stain Café, tenía
bonitas ilustraciones en las paredes y sus amistades eran partidarias de beber litros de ese
líquido.

Esta noche ella y Trina iban a acercarse...

Su mente regresó al edificio.
Sacando su bloc de dibujo, hizo algunas notas más y dobló a la derecha, hacia un callejón
pequeño.

Caminó dos pasos, y dio contra una pared.

Sólo que no era una pared, se percató, mientras dos brazos la envolvían para evitar que
tropezara.

Al mirar hacia arriba, se congeló.

¡Ay, Caramba[2] ! Se quedó con la mirada fija en una cara tan bien formada que dudaba que ni
siquiera un escultor griego pudiera hacerle justicia.

Su pelo color trigo parecía resplandecer en la noche y los planos de su cara...

Perfecta. Simplemente perfecta. Totalmente simétrica. «Wow».

Sin pensar, le agarró la barbilla y volteó su cara para verla de diferentes ángulos.

No, no era una ilusión óptica. No importaba el ángulo, sus rasgos eran la perfección encarnada.

«Wow», otra vez. Absolutamente perfecto.

Ella necesitaba esbozar esto.

No. Óleo. Los oleos serían mejores.

¡Las pinturas al pastel!

-¿Está bien? -preguntó él.

-Estoy bien -contestó-. Lo siento. No le vi parado allí. ¿Pero sabe usted que su cara es
euritmia[3] pura?

Él le dio una sonrisa con los labios apretados mientras palmeaba el hombro de su capa roja.

-Sí, lo sabía. ¿Y sabía usted, pequeña Caperucita Roja que el gran lobo malo está afuera esta
noche y está hambriento?

¿Qué era eso?

Ella hablaba de arte y él...

El pensamiento se desvaneció en cuanto se percató que el hombre no estaba solo.
Había cuatro hombres más y una mujer. Todos insanamente bellos. Y los seis la miraban como si ella
fuera un bocado sabroso.

Uh-Oh.

Su garganta quedó seca.

__________ dio un paso hacia atrás mientras todos los sentidos de su cuerpo le decían que
corriera.

Se movieron aún más cerca, acorralándola entre ellos.

-Ahora, ahora, Pequeña Caperucita Roja -dijo el primero.-¿No querrás irte tan pronto, verdad?

-Um, sí -dijo ella, preparada para pelear. Poco sabían ellos, que una mujer que acostumbraba salir
con motoqueros, estaba más que capacitada para dar un rápido golpe cuando lo necesitaba. -Pienso
que sería una muy buena idea.

Él la trató de alcanzar.

Salido de ninguna parte algo circular pasó como un rayo por su cara, rozando su brazo extendido. El
hombre maldijo mientras se acercaba el brazo sangrante a su pecho. La cosa rebotó como el
chakram[4] de Xena, y regresó a la entrada del callejón donde una sombra la atrapó.

__________ miró boquiabierta el contorno de un hombre. Vestido todo de negro, estaba parado con sus
piernas separadas con la postura de un guerrero mientras su arma brilló con maldad en la tenue luz.

Si bien ella no podía ver nada de su cara, su aura cambiante era gigantesca, otorgándole una
presencia tan sorprendente como poderosa.

Este nuevo desconocido era peligroso.

Mortalmente.

Una sombra letal simplemente aguardando para golpear.
Él se mantuvo silencioso, mirando a sus asaltantes, el arma sostenida despreocupadamente, pero en
cierta forma amenazadora, en su mano izquierda.

Luego, el caos total se manifestó mientras los hombres que la rodeaban se apresuraban al recién
llegado...

Nick toco con el dedo la empuñadura de su puñal celta y plegó las tres aspas en una sola daga.
Trató de acercarse a la mujer, pero los Daimons le atacaron en masa. Normalmente, él no tendría
problema en absoluto en destruirlos, pero el código de los Cazadores Oscuros le prohibía revelar
sus poderes a un humano no iniciado.

Maldición.

Por un segundo, consideró convocar a la niebla para ocultarlos, pero eso haría la pelea con los
Daimons más dificultosa.

No, no les podía dar ninguna ventaja. En tanto la mujer estuviera allí, debería pelear con sus
manos atadas a la espalda, y darle la fuerza sobrehumana y el poder a los Daimons, no era algo bueno
para nada. Sin duda por eso era que lo estaban atacando.

Por una vez ellos realmente tenían una posibilidad contra él.

-Corre -le ordenó a la mujer humana.

Ella comenzó a obedecerle cuando uno de los Daimons la agarró. Con una patada a la ingle y un
fuerte golpe en la espalda cuando se dobló, dejó caer al Daimon y corrió.

Nick arqueó una ceja ante su movimiento. Suave, muy suave. Él siempre había apreciado a una mujer
que podía cuidarse a sí misma.
Usando sus poderes de Dark Hunter, convocó una pared de niebla detrás de ella para escudarla de
los Daimons, quienes ahora se habían enfocado más en él.

-Finalmente -dijo al grupo-. Por fin solos.

El que parecía ser el líder lo atacó. Nick usó su telequinesia para levantar al Daimon, hacerle
girar patas arriba, y golpearlo contra una pared.

Dos más se acercaron.

Nick atrapó a uno con su puñal celta, y al otro le dio con la rodilla.
Se deshizo de dos de ellos fácilmente y estaba alcanzando a otro cuando advirtió que el más alto
de ellos corría tras la mujer.
La distracción momentánea le costó que otro Daimon lo atacara y lo golpeara en el plexo solar. La
fuerza del golpe lo tiró para atrás, cayendo.
Nick rodó por el golpe, y saltó para pararse.

-¡Ahora! -gritó la mujer Daimon.
Antes que Nick pudiera pararse completamente, otro Daimon lo agarró por la cintura y lo apartó de
un empujón hacia atrás, hacia la calle.
Directamente frente al camino de un vehículo gigantesco que iba tan rápido que ni siquiera pudo
identificarlo. Algo que asumió era la parrilla de éste que golpeó su pierna derecha, haciéndola
pedazos instantáneamente.
Tirándolo hacia adelante, sobre el pavimento.
Nick rodó aproximadamente cuarenta y cinco metros, hasta quedar sobre su estómago bajo una luz de
la calle mientras el vehículo oscuro seguía alocadamente calle abajo, fuera de la vista. Estaba
tirado con la mejilla izquierda sobre el asfalto y sus manos extendidas a los costados.
El cuerpo entero le dolía y palpitaba y apenas podía moverse de dolor. Peor, su cabeza le latía
mientras luchaba por mantenerse consciente.

Hacerlo era difícil.

Un Dark Hunter inconsciente era un Cazador muerto. La quinta regla del manual de Acheron vino a su
mente. Debía mantenerse despierto.

Con sus poderes decreciendo por el dolor de sus lesiones, el escudo de niebla empezó a disiparse.

Nick maldijo. En todo momento, cuando empezaba a sentir cualquier tipo de emoción negativa, sus
poderes disminuían. Esa era otra de las razones por lo cual las mantenía férreamente guardadas.

Las emociones eran mortales para él, en más de una forma.

Lentamente, cuidadosamente, Nick se paró en sus pies en el mismo momento que veía a los Daimons
escapando por otro callejón. No había nada que pudiera hacer acerca de eso. Él nunca los
atraparía en su condición actual, y aún si lo hiciera, lo peor que les podía hacer sería
sangrar sobre ellos.

Por supuesto, la sangre de los Cazadores Oscuros era venenosa para los Daimons...

Mierda. Él nunca antes había fallado.

Apretando los dientes, Nick luchó contra el mareo que lo consumía.

La mujer a la que había salvado corrió hacia él. Por la apariencia confundida en su cara, podía
decir que ella no estaba segura de cómo ayudarle.

Ahora que la podía ver más de cerca, se quedó prendado de su cara de duendecillo. Fuego e
inteligencia ardían profundamente en sus grandes ojos oscuros.
Ella le recordó a Morrigan, la diosa oscura a la que le había jurado su espada y lealtad tantos
siglos atrás, cuándo él había sido humano.

Su largo pelo negro lacio caía en trenzas de todos los tamaños alrededor de su cabeza. Tenía una
mancha de carbón vegetal a través de una mejilla. Impulsivamente, pasó su mano sobre ella y la
retiró de su cara.

La piel era tan suave, tan cálida, y olía a algo como patchouli y trementina. Qué combinación
tan rara. . .

-¿Oh mi Dios, estás bien? -preguntó la mujer.

-Sí -dijo Nick quedamente.

-Llamaré una ambulancia.

-Nay -dijo Nick en su propia lengua, su cuerpo protestando el gesto. -Ninguna ambulancia -agregó en
inglés.

La mujer frunció el ceño.

-Pero estás muy herido. . .

Él encontró su mirada.

-Ninguna ambulancia.

Le miró arrugando el ceño hasta que una luz apareció en sus ojos inteligentes, como si ella
hubiera tenido una revelación.

-¿Eres un extranjero ilegal? -murmuró.

Nick se agarró de la única excusa que le podía dar. Con su acento pesado, antiguo celta era
natural asumirlo. Asintió.

-Ok - murmuró ella al oído de él mientras le palmeaba amablemente en el brazo-. Te cuidaré sin
una ambulancia.

Nick se forzó a sí mismo a quitarse de la luz de la lámpara que le lastimaba sus sensibles ojos
claros. Su pierna quebrada protestó, pero la ignoró. Cojeó hasta apoyarse contra una
construcción de ladrillos en donde pudo quitar la presión de la pierna dañada. Otra vez el mundo
se inclinó.
Demonios. Necesitaba ir a algún lugar seguro. Aún era temprano en la noche, pero lo último que
necesitaba era estar atrapado en la ciudad después de la salida del sol. Cuando a un Dark Hunter lo
hieren, él o ella sentía un antinatural estado de letargo. Era una necesidad que le hacía
peligrosamente vulnerable si no llegaba a casa pronto.

Sacó su teléfono celular para notificar a Liam Gautier que estaba herido, y rápidamente se
enteró que su teléfono, a diferencia de él, no era inmortal. Estaba hecho pedazos.

-Aquí -dijo la mujer, moviéndose al lado de él-. Déjame ayudarte.

Nick clavó los ojos en ella. Nadie extraño ninguna vez le había ayudado. Él estaba acostumbrado
a pelear sus propias batallas incluso después que lo habían dejado solo.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Dominada por el Deseo. The End

—Lo intentaré, pero no voy a casarme con ella. Nick, no es mi novia, y jamás la he tocado. Es mi hermanastra.
Si Brandon le hubiera dicho que era un rinoceronte disfrazado, Nick no se habría sorprendido tanto.
— ¿Tu hermanastra?
Con un asentimiento de cabeza, Brandon continuó:
—Esto no puede salir de aquí. Siempre has sido un hombre de palabra, incluso cuando yo no lo fui.
—Tu secreto está a salvo conmigo.
—Gracias. —Brandon suspiró, se levantó y se paseó de un lado a otro de la habitación—. Mi padre dejó embarazada a su madre cuando trabajaba como becaria para él. Le pagó una suma sustanciosa para que desapareciera del mapa y nunca mencionara su nombre a nadie, ni siquiera a _____________. Hace unos tres años, cuando mi padre comenzó a hablar de presentarse a la Casa Blanca, contrató a un asesor que le dijo que se hiciera cargo de todos los trapos sucios de la familia. Mi padre me habló entonces de _____________. Fui a visitarla siguiendo sus órdenes para comprar su silencio. Pero ser su hermano me gustó más de lo que había imaginado. Nos mantuvimos en contacto, viéndonos cada vez que podíamos. Estuve presente cuando grabó su primer programa.
Una lenta sonrisa curvó las comisuras de la boca de Brandon, luego volvió a quedarse pensativo.
—Cuando comenzó este asunto del acosador, le ofrecí mi ayuda. Pero protegerla desde Houston era imposible, y cuando ese gilipollas se masturbó en su cama, le dije que se viniera a vivir conmigo. Inventamos la historia de que era mi novia puesto que no podíamos decirle a nadie la verdad.
Y Nick se lo había tragado como el que más. Se había creído que _____________ era su novia, y la había perseguido para cumplir su venganza.
La vida iba a ser un infierno sin ella, pero al menos se alegraba de haberla tenido por un corto tiempo. Y aunque obviamente _____________ no iba a casarse con Brandon, dudaba que volviera a dirigirle la palabra de nuevo.
—Apuesto que tenerla contigo no le gustó a tu padre.
—No te haces una idea. —La amarga sonrisa de Brandon hablaba por sí sola—. De cualquier manera, me sentía aterrorizado cuando recibí las órdenes de irme a Irak durante tres semanas. Sabía que la iba a dejar sola y desprotegida. Incluso pensé en llamarte; eres el mejor guardaespaldas que conozco. —Suspiró—. Pero no podía darte esa clase de poder sobre mí. Nunca se me ocurrió que estabas esperando a que me comprometiera con alguien para sacarte la espinita de encima.
—Tres años, sí. No pensaba darme por vencido.
—No te culpo —admitió Brandon con voz queda—. Me alegro de que al llegar a D.C. se pospusiera la misión. Espero que las cosas entre nosotros se hayan arreglado de una vez por todas.
—Así es. — Niholas suspiró—. Gracias por decirme la verdad.
Luego guardó silencio. Niholas clavó la vista en _____________, como si así pudiera despertarla.
Ella no movió ni un músculo.
—¿Está sedada?
—Me temo que sí. Estaba despierta hace diez minutos, pero ahora...
La tensión y la esperanza anudaron las entrañas de Nick.
—¿Ha dicho algo?
—No. Sólo miró alrededor, nos vio a Joe y a mí, y volvió a cerrar los ojos.
No había preguntado por él. ¿Y por qué iba a hacerlo? Era una estupidez esperar que lo hiciera. Desde el punto de vista de _____________, Niholas le había mentido, la había utilizado y se había aprovechado de ella. ¿Por qué iba creer que la amaba? Y si ella alguna vez había pensado que lo amaba, bien, tras la esclarecedora conversación con Brandon, habría cambiado de opinión.
Perder a _____________ era justo lo que se merecía. Pero le costaba aceptar la realidad. Saber que nunca volvería a tocarla le hacía sentir como si tuviera un cuchillo clavado en el corazón.
—Supongo que es lo mejor. No sentirá dolor.
—Cierto.
Y no se iba a despertar ahora. E incluso aunque lo hiciera, ¿querría que él estuviera allí?
No. Nunca querría volver a tenerlo cerca.
Nick arrastró la bota por el suelo desinfectado, sintiendo una terrible opresión en el pecho.
—-Debería irme. Dile...
¿Qué? ¿Qué diablos podía decirle para mejorar las cosas? Sería necesario un maldito milagro para hacerla cambiar de idea, y Niholas no creía merecerse ningún milagro.
Al final, optó por lo más sencillo.
—Dile que lo siento.
Enterrando los puños con fuerza en los bolsillos de los vaqueros, Niholas se obligó a darle la espalda a _____________ y a salir de su vida.



_____________se paseó de arriba abajo por la sala de Brandon. El suelo de madera estaba frío bajo sus pies desnudos, pero eso no calmaba sus abrasadores pensamientos.
—Vas a gastarme el suelo, hermanita.
Le lanzó una mirada airada a Brandon por encima del hombro.
—Lo dudo.
—Vale, pero luego te sentirás agotada. Apenas hace una semana que te dispararon.
—Tengo que moverme o me voy a quedar agarrotada.
Él se recostó en el sofá, con las piernas abiertas y los brazos detrás de la cabeza.
—No me parece que estés estirando las piernas. Más bien pareces puro nervio en movimiento.
¿Qué es lo que te corroe?
_____________ no contestó. Admitir la verdad era demasiado doloroso, y, además, la haría parecer
estúpida.
—Nada —murmuró al fin.
Brandon se levantó, y se cernió sobre ella. Definitivamente, él había heredado la altura de la
familia. Ella era una condenada enana para los estándares de Hollywood.
La agarró por los hombros y la giró para que lo mirara, poniendo punto y final a su agitado paseo.
—Ya te había visto obsesionada con Provócame en el pasado. Pero esto no tiene nada que ver con
eso, ¿verdad? Reggie se ha disculpado por delatarte. El entierro de Andrew no ha levantado mucho
revuelo, y la prensa sigue sin tener ni idea de dónde estás. Casi ya no hablan del tema y te
estás recuperando de la herida. —La sondeó con una suave mirada—. Sólo hay una cosa que te
esté volviendo loca. ¿O debería decir una persona?
—No quiero hablar de eso.
—No has querido hablar de Niholas desde que dejaste el hospital.
_____________ cerró los ojos.
—No menciones su nombre.
—Eres demasiado testaruda, hermanita.
—¿Yo soy testaruda? —Se hincó un dedo en el pecho, enojada—. Perdón, pero no fui yo quien
comenzó todo este asunto. Lo hizo él. Y ahora se supone que yo tengo que vivir con ello.
—¿Vivir exactamente con qué? —Brandon se cruzó de brazos—. Acabó con la vida del hombre
que te habría matado sin pensárselo dos veces.
¿Eso era todo? ¿Eso era todo lo que él había admitido?
—Sí, me salvó y se lo agradezco. Pero, ¿has olvidado la parte en la que me mintió y me llevó
a la cama para vengarse de ti? Te envió un vídeo de nosot... —rechinó los dientes—. Todavía
no me lo puedo creer. El... —¿Cómo podía expresar con palabras esa traición?—. Actuó como
si yo le importara. Y no era cierto.
—Eso no es verdad.
_____________ se quedó boquiabierta.
— ¿Por qué lo defiendes?
Brandon le dirigió una sonrisa contrita.
—Eramos amigos hasta que fastidié las cosas. Niholas no se hubiera divorciado de Kayla sin una
buena tazón. Y a pesar de lo que parezca por su estilo de vida, Niholas es demasiado católico. Yo
tuve que presionar a Kayla. Y la seguí presionando sin parar. Dios, cómo quería a esa mujer. Lo
único que no hice fue ser franco con Niholas y decirle que me había enamorado de su esposa y ella
de míAsí que me acosté con ella, y me importó un bledo lo mal que él pudiera sentirse porque poseerla
me hacía sentir bien a mí. Creo que él me ha hecho un favor, hermanita, haciéndome ver cómo
sentaba estar del otro lado. Si estás cabreada con alguien, debería ser conmigo.
— ¿Tienes idea de lo que me hizo? ¿De lo que me hizo en realidad?
—Odio decirte esto, pero cuando me cargué la puerta de la habitación del bed & breadfast, no
parecías sufrir demasiado.
El sonrojo de _____________ pasó por veinte tonalidades de rojo, aunque no sabía si su rubor se
debía a la furia o a la vergüenza.
—No fue por cómo me tocó. —Sin embargo, a veces, eso había sido más difícil de aceptar que
admitir cuánto lo amaba—. Fue la manera en que fingió que le importaba.
Un repentino golpe en la puerta los interrumpió. Brandon maldijo por lo bajo, luego se dirigió a
abrirla.
—Dios, espero que no sea la prensa —masculló ella—. Buitres.
Brandon abrió la puerta, pero sólo lo que le permitía la cadena de seguridad.
— ¿Qué?
No hubo respuesta. La puerta bloqueaba la vista de _____________, y ella sólo pudo ver que Brandon
levantaba la mano para tomar lo que le entregaba el visitante. Luego soltó lo que parecía un
suspiro de alivio.
Ella miró el artículo que tenía en la mano. Un vídeo. ¿Sería la cinta que Nick había
prometido darle a Brandon?
—¿Es lo que creo que es? —preguntó Brandon.
La persona del otro lado de la puerta debió de asentir con la cabeza. «¿Quién sería? Si
fuera... No».
—Gracias. ¿Quieres entrar?
El corazón de _____________ comenzó a latir a toda velocidad. Oh, Dios. Tal vez... ¿sería
Niholas? ¿Se habría presentado allí después de una semana de absoluto y devastador silencio? A
pesar de su traición, lo echaba de menos. En el lugar de su corazón había un agujero, una herida
abierta que le supuraba en el pecho. Por las noches, cuando estaba en la cama incapaz de dormir,
extrañaba el sonido de su voz oscura. Y su cuerpo vibraba, lleno de deseo, sólo con pensar en él.
Se sentía demasiado sensible y excitada en los lugares inadecuados cuando recordaba...
Dios, ¿qué pasaría si él atravesaba ahora esa puerta?
Brandon abrió la puerta para dejar pasar al desconocido, pero no fue Niholas quien apareció en el
umbral.
— Joe. —La decepción se abatió sobre ella sin piedad.
—Hola, muñeca. No pareces demasiado contenta de verme.
—Lo estoy. Lo siento. —Se esforzó en esbozar una sonrisa.
—¿Cómo te va?
Ella intentó encoger los hombros, luego hizo una mueca. Mierda, ¿le dejaría de doler el hombro
alguna vez?
Sí, y probablemente ese dolor desaparecería antes que el de su corazón.
—Estoy recuperándome —dijo ella—. ¿Cómo te va a ti?
—Pues estoy intentando quitarme de encima a un imbécil, cierto cajún, ya sabes. ¿Quieres
ayudarme?
— ¿Hablas de Nick? Dudo que pueda hacer algo. Ya me dejó claro lo poco que significo para él.
—Bueno, no creo que sea así. Desde que te fuiste no hace más que gruñir y emborracharse, luego
duerme la mona hasta la borrachera siguiente. Sabe que estás enfadada con él. Le he dicho que es
demasiado cobarde para verte. Me dijo...
—Puedo imaginar lo que te dijo. — _____________ hizo una mueca.
—Sí, mejor no repetirlo. Él te necesita.
—Lo que necesita es una paliza —replicó ella.
—Si lo insultases, se sentiría agradecido, muñeca. Al menos estarías hablando con él.
_____________ no supo qué decir. Una parte de ella quería mandar a Nick al infierno. Él había
hecho las paces con Brandon en el hospital. Luego se había marchado sin decir una sola palabra,
creyendo que estaba sedada. Ella había estado atontada y demasiado abrumada para decir algo...,
pero lo suficientemente despierta para oír toda la conversación.
Sin embargo, eso no lo convertía en un «buen chico». Era un bastardo.
—Me da igual que te incordie o que tenga una resaca diaria. Es lo que se merece, Joe. Pagué su
venganza con mi corazón y con un pedazo de mi alma.
—Créeme, él también lo está pagando, y con creces.
Las palabras de Joe fueron como una patada en el estómago, como si la hubieran atizado con una
vara.
—Chorradas.
—Te ama. Sólo que no tiene ni idea de cómo volver a conquistarte y piensa que ni siquiera se
merece la oportunidad de intentarlo.
—Al menos coincidimos en algo —respondió ella.
Pero en su corazón renació la esperanza. ¿Sería posible que fuera eso lo que lo mantenía
alejado de ella, la culpabilidad y no la falta de ganas?
—Sólo habla con él. Nos estarás haciendo al abuelo Brice y a mí un gran favor.
_____________ vaciló, se sentía condenadamente tentada.
—¿Por qué debería hacerle un favor a ese ancianito que me trajo lencería fina en vez de ropa
para hacerme caer en las garras de su nieto?
—Porque piensa que eres perfecta para su nieto. Todos los creemos. Incluso Nick. Vamos —le rogó
Joe—. Habla con él. Sólo una vez.
—Esto es absurdo. —Puso los ojos en blanco.
Pero se temía no engañar a nadie. El deseo de ver a Nick superaba sus reservas. Incluso a pesar
del miedo a caer otra vez bajo sus redes, a ser derrotada por su propio deseo, a aferrarse a él
como una estúpida y concederle el poder de lastimarla de nuevo, estaba dispuesta a verlo.
Joe se encogió de hombros.
—Haré lo que haga falta para ablandarte.
—Si Nick quiere verme, sabe perfectamente dónde encontrarme.
—Ya. Pero se lo impide ese sentido de culpa tan católico que tiene, _____________. Sabe que
fastidió las cosas, y no quiere imponerte su amor.
— ¡No me ama! —gritó ella.
—No es cierto —apostilló Brandon—. Se lo oí decir en dos idiomas. Jamás había visto que
Nick sintiera eso por otra persona. No me cupo la menor duda cuando lo vi: te ama.
_____________ inspiró profundamente. ¿Sería posible que ella significara para Nick algo más que
esa maldita venganza? ¿Que ella no había sido sólo un medio para conseguir un fin?
—Puedo ver lo que pasa por esa cabecita tuya. De acuerdo, pasar una mañana en tu interior no me
convierte en un experto, pero...
—No necesito oír esto —dijo Brandon con una mueca.
—Estoy seguro de que tienes un montón de preguntas sin contestar —continuó Joe—. Escondida
aquí no vas a conseguir las respuestas.
Ella reculó mentalmente. Primero, ese hijo de perra le recordaba aquella horrible y maravillosa
mañana que había pasado con los dos cuando cumplió al fin su fantasía. La más increíble de
todas, a pesar de los temores y reservas de Niholas. Luego le decía que se comportaba como una
cobarde. Genial.
Y no sólo eso. También podía sentir la mirada reprobadora de Brandon. Joe se merecía una buena
patada en el trasero, pero eso sería más tarde.
Sacudiendo la cabeza para aclarar sus pensamientos, _____________ se obligó a centrarse. Aunque
Niholas hubiera alejado sus reservas, habían ocurrido demasiadas cosas.
Tenía la protesta en la punta de la lengua. De ninguna manera pensaba hablar con Niholas.
Pero... maldito Joe, tenía razón. Nadie tenía respuestas para ella salvo Niholas.
—Habla con él —la orden tranquila de Joe fue directa a su sentido común y lo hizo pedazos—.
Ven conmigo.
Tenía la mente hecha un lío, pero una cosa estaba clara: Nick era un hombre fuerte, sagaz,
puramente sexual, lo que ella había estado buscando durante toda su vida. Podía quedarse allí,
preguntándose lo que podría haber sido. O podía ir a hablar con él y averiguar si sus palabras
de «amor» eran algo más que papel mojado.
—Está bien. Pero no esperes que sea benevolente.
—No lo esperaba. —Joe sonrió ampliamente. Esos ojos azules chispeaban de diversión.
—Dame diez minutos para arreglarme.
Joe sonrió todavía con más amplitud.
—Que sean cinco. Nick estaba abriendo otra botella de whisky cuando salí.
Subiéndose al enorme Hummer de Joe para el largo viaje a la cabaña de Nick en Lousiana,
_____________ pensó que si no lo conociera mejor, habría supuesto que Joe había escogido ese
vehículo para compensar un déficit en sus atributos masculinos. Pero sabía que no era así...
gracias a Nick. Porque él le había concedido esa fantasía.Era una tontería darle más vueltas a lo sucedido las dos últimas semanas, pero ella lo había
hecho un millón de veces. Nick la había atrapado, la había tentado con todas esas fantasías
lujuriosas con las que siempre había soñado. Él las había hecho realidad. No podía negarlo.
Pero para ella había sido algo más que simple placer. Mucho más. Cuando había estado con Nick,
_____________ había creído con toda su alma, que ella significaba algo para él. Saber que había
hecho todo eso por venganza la había dejado destrozada y ahora era incapaz de dormir, de comer...,
de respirar. Se preguntaba cómo diantres se suponía que iba a vivir con ese dolor.
—Piensas demasiado. Casi consigues que me duela a mí la cabeza.
Ella le dirigió una mirada reprobadora.
— ¿A diferencia de ustedes los hombres que no piensan en otra cosa que en sus pequeñas vendettas
y en sus pollas?
A su favor, debía decir que Joe no parecía sorprendido.
—Sí, conocía el plan de Niholas. Pero creo que dejó de ser una venganza con bastante rapidez.
—No hagas de abogado del diablo. No quiero oírlo.Las palabras de Joe sólo la confundían y la hacían albergar esperanzas. Iba a ver a Nick para
conseguir respuestas. Punto. Y si no le gustaba lo que oía, continuaría con su vida... sola. De
cualquier manera, no esperaba que Niholas pudiera convencerla de un amor imperecedero. Con
sinceridad, ¿cómo podía salir adelante una relación de tan solo unos días cuando todo a su
alrededor habían sido peligros y mentiras? Iba contra toda lógica.
Pero eso no cambiaba el hecho de que se hubiera enamorado totalmente de él durante ese tiempo. Y a
diferencia de los otros hombres con los que había estado, lo que sentía por Nicholas parecía
fuerte y duradero.
Maldita sea.
Joe puso el intermitente a las afueras de Houston, luego entró en el aparcamiento de un motel lleno
de flores con pequeñas habitaciones cuyas puertas estaban recién pintadas.
— ¿Tienes que recoger el equipaje antes de continuar? —le preguntó.
—No exactamente.
Joe aparcó, luego se giró hacia ella.
— Nicholas tenía intención de llevarle a Brandon la copia del vídeo él mismo. Lo hice yo, no
pensé que Niholas y Nicholas fueran una buena combinación en la carretera.
— ¿Nicholas y Nicholas?
— Nick se había bebido una botella de Nicholas Daniel's.
— ¿Así que está aquí? —le preguntó, sintiendo que el corazón se le aceleraba como si
estuviera en el borde de un precipicio.
Joe asintió con la cabeza.
— ¿Vino a Houston para entregar el vídeo y no pudo hacerlo porque estaba demasiado borracho?
¿El muy hijo de perra prefirió beberse una botella de whisky que acercarse a mí?
—No. Cuando vinimos, hicimos una pequeña parada. Al enterarse que estabas con Brandon, decidió
no ir. Se negó a molestarte.
De todas las ideas alocadas y estúpidas...
Antes de que Joe pudiera decir nada más, Nicholas abrió la puerta de la habitación que tenían
delante, despeinado, con barba de tres días y gloriosamente descamisado. La luz del sol se reflejó
en su cara. Nick entrecerró los ojos y miró de mal humor hacia el Hummer.
— ¿Has entregado el maldito vídeo? —gritó Nicholas, intentando protegerse los ojos del astro
rey.
—Hum. Ya dice algo más que tacos —comentó Joe—. Quizá esté medio sobrio.
—Esto es ridículo. No sé por qué me he molestado en venir hasta aquí para escuchar las
respuestas de un hombre borracho que lo único que quería era echarme un polvo para vengarse de
otra persona. Llévame de vuelta con Brandon.
—Todavía no. Diez minutos. Dale por lo menos ese tiempo. —_____________ no dijo nada—. Si no
lo haces, tendré que empezar a implorar otra vez. —_____________ le dirigió una mirada que
debería de haberle dejado claro que esta vez no le iba a servir de nada, pero, como siempre, Joe la
ignoró—. Soltaré un gemido extra si no entras.
—¡Uf! Bueno. Diez minutos, luego o me llevas de vuelta a casa o llamo un taxi. Y contrataré un
matón para que os dé una paliza a los dos. Por gilipollas.
—Esa es mi chica. —Le plantó un beso suave en la mejilla, luego le dirigió una sonrisa
radiante.
_____________ sólo puso los ojos en blanco.
—Venga, acabemos de una vez con esto.
—Ahora te ayudo a bajar, pero espera aquí un minuto. No creo que Nick pueda verte con el sol y
las ventanillas tintadas. Y quiero que oigas algo. —Joe descendió del Hummer y llamó a Nick—.
Sí, ya lo he entregado.
— ¿Me has traído otra botella?
—Te he traído otra cosa. ¿No quieres saber si vi a _____________?
—Así que estaba allí. —Soltó un suspiro. Luego tragó saliva y tensó la mandíbula—.
¿Cómo está?
—Mejor que tú, ella no anda medio borracha.
— ¿Y el hombro?
—Bien. Estaba levantada y paseándose de acá para allá. Tenía buen aspecto.
Nicholas asintió con la cabeza. Un simple gesto. Pero el ceño fruncido de su cara desgarró a
_____________. Tenía las cejas fruncidas, los ojos cerrados, la mandíbula tensa, parecía triste.
Apesadumbrado. Destrozado.
La imagen la tomó por sorpresa, le desgarró el corazón. ¿Sería verdad que ella... le importaba?
Eso era lo que parecía. No podía verla, no tenía ninguna razón para actuar o simular algo que no
sentía.
_____________ tragó saliva.
—Apuesto lo que quieras a que estaba guapísima. Siempre lo está.
Joe se detuvo delante de Nicholas, en la acera, bajo el sol del atardecer.
—Sí, y parecía bastante cabreada.
—No me extraña. No haberle contado la verdad fue un estúpido error que lo fastidió todo. Tuve
la oportunidad y... —sacudió la cabeza, un gesto que mostraba su pesar— no la aproveché.
—Bueno, eso te convierte en un completo imbécil, pero no es por eso por lo que estaba cabreada.
— ¿No? ¿Entonces por qué? —Parecía completamente confundido.
¿Nicholas no lo sabía? ¿Cómo podía no saberlo? ¿Cómo era posible que no lo comprendiera?
Increíble.
Impulsada por la esperanza, la confusión y el mal genio, _____________ abrió la puerta de Hummer y
salió de un salto.
—No, estúpido, no es por eso por lo que estoy cabreada.
—Ves, ya te dije que te había traído otra cosa. — Joe le dirigió a Nicholas una sonrisa—. O
persona.
—_____________ —susurró Niholas, dando un paso hacia ella con las manos extendidas.
—Vaya, me alegra saber que te acuerdas de mí.
La mordaz observación lo dejó helado. Dejó caer las manos.
—Has venido a echarme la bronca. Lo merezco. Maldición, jamás tuve intención de hacerte daño.
No creí que acabaríamos tan involucrados emocionalmente. Pero fue conocerte...
—Oh, déjate ya de sensiblerías románticas. Así que fui una buena alumna, guapa y sumisa, y...
—Chicos, ¿por qué no entramos para que los huéspedes del motel no tengan que conocer suvida
sexual?
Joe los empujó hacia la habitación de Nicholas.
_____________ siguió rápidamente a Nicholas al interior, horrorizada por haberse puesto a hablar a
voz en grito sobre esos detalles de su vida. Dios, ese hombre se le había metido bajo la piel y le
había frito el cerebro.
Dentro, encontró las típicas paredes blancas y los muebles de madera. Una colcha a rayas de color
marfil y beige cubría la cama. La alfombra marrón completaba la práctica pero anodina
decoración. ¿Cómo diantres había terminado teniendo allí una de las discusiones más
importantes de su vida?
Se giró y encontró a Joe apoyado contra la puerta cerrada. Nicholas rondaba cerca de ella, tan
cerca que _____________ podía oler su misterioso aroma junto con el del whisky que había estado
bebiendo. Pero no hizo movimiento alguno para tocarla.
—Fuiste mucho más que una buena alumna, _____________. Mucho más. Y sabía que tenía que
contártelo todo. Me lo dije a mí mismo una docena de veces, pero... —el remordimiento se
reflejó en su cara y apretó los labios—. Te amo, y sabía que en cuanto te lo contara todo te
perdería. No podía resignarme a decírtelo y que me odiaras. Aunque ibas a enterarte tarde o
temprano.
_____________ intentó volverse insensible a su confesión. Pero no fue lo suficientemente rápida.
Sus palabras la habían cogido por sorpresa. La llenaron de esperanza, dolor y anhelo, y acabaron
con su resistencia.
Las lágrimas le picaron en los ojos.
—Me amas tanto que cuando me dispararon, fuiste al hospital, mantuviste una agradable charla con
Brandon sobre tu ex, y luego dejaste que me transmitiera tus disculpas. Y jamás regresaste.
Nicholas aspiró sobresaltado.
—Tú...
— ¿Si oí cada una de tus palabras en el hospital? Sí, pero lo que no oí fue eso, si es cierto
que me amabas, deberías haber vuelto. Pensaba que me habías excluido de tu vida para siempre.
Al fin, él acortó la distancia entre ellos y la agarró por el hombro sano. Su contacto fue como
una descarga eléctrica, una sacudida de calor y deseo. El anhelo impactó en su corazón con tal
fuerza, que casi la hizo caer de rodillas.
Pero Nicholas la sujetó.
—Cher, lo estropeé todo. No tenía derecho a intentar recuperarte. ¿Habrías creído una sola
palabra de lo que te hubiera dicho? No —se respondió a sí mismo—. ¿Y por qué motivo ibas a
aceptarme de nuevo? No lo merezco. Lo sé.
¿Serían las cosas realmente como Joe había dicho? ¿Que a Nicholas le remordía demasiado la
conciencia para dar rienda suelta a sus sentimientos por ella? ¿Sería eso lo único que lo
detenía?
Quizá la pregunta fundamental era: ¿quería ella recuperarlo? ¿Quería a Nicholas —y todo lo
que él podría darle— todos los días de su vida?
Con sólo el tacto de sus dedos en los hombros se había sentido más viva que en cualquier momento
de la última semana. El deseo ardía en su interior, resquebrajando su sentido común. Vivían en
lugares diferentes, tenían vidas distintas... planteárselo era una locura. Pero si se casaban,
podrían llegar a un compromiso, vivir parte del tiempo en Lousiana, y parte en Los Angeles. O algo
por el estilo.
Lo más importante era lo que ambos sentían. Compartían un vínculo especial, algo que los unía
física, espiritual y sexualmente. Sin él, _____________ había sentido como si le faltara algo.
Había sentido como si una parte de ella se hubiera perdido para siempre.
Correr riesgos nunca había sido su fuerte, y ése en concreto la dejaba aterrorizada. Pero si
existía la posibilidad, por muy remota que fuera, de que Nicholas y ella pudieran superar ese asunto
de la venganza e incluso mantener una relación duradera, sería una idiota si no lo intentara.
—Simplemente contéstame a una pregunta —exigió ella finalmente—. Si pudiera perdonarte lo de
esa estúpida vendetta y te dijera que quería que hablaras conmigo, ¿qué me dirías?
Detrás de Niholas, Joe golpeó un puño en el aire e hizo una señal de aprobación con la cabeza.
Señor, se le había olvidado que estaba allí. Antes de que pudiera decirle que sacara su culo de
la habitación, Nick la atrajo contra su cuerpo.
—Te diría que eres lo que llevo buscando durante toda mi vida. Reconocería que he soñado
contigo antes de conocerte, y que la primera vez que penetré en tu cuerpo supe que eras mía. Te
diría que te amo.
La profunda emoción que había detrás de esas palabras ahogadas casi la desarmó, y _____________
sintió que su resistencia se desmoronaba un poco más. Las lágrimas regresaron. Le tembló la boca
y se le puso un nudo en la garganta. La mandíbula le tembló por el esfuerzo de contener las
lágrimas. ¿Cómo era posible que ese hombre tuviera tanta labia? Maldita sea.
—Cher, desearía poder soltarte una orden y que la obedecieras. Pero no puedo controlar tus
emociones. Esto es más importante que conseguir que mojes las bragas.
Le estaba ofreciendo el poder. Por completo. Podría someterla en el dormitorio, pero no iba a
coaccionarla para que le ofreciera algo que no quería dar. No iba a intimidarla para que le
entregara su corazón. Quería que fuera ella quien se lo ofreciera libremente.
Podía verlo reflejado en sus enrojecidos ojos oscuros y en la cara cubierta por la sombra de la
barba. Parecía como si hubiera estado en el infierno durante días enteros.
Saber que él la amaba y que quería su amor a cambio la llenó de un sentimiento cálido, suave y
reconfortante.
—No sé qué decir o hacer para arreglar las cosas. —Su risa contrita enterneció el corazón de
_____________.
—Decir «lo siento» sería un buen principio —susurró ella.

—Lo siento. Si pudiera volver al principio... al momento de la entrevista, te contaría lo de
Brandon y te diría que te deseaba más que a nada en el mundo. Luego te seduciría hasta que te
fuera imposible dejarme.
—Buen plan.
—Más inteligente, eso seguro. — Nicholas encogió los hombros y dejó caer las manos—. Pero
tendrías que perdonarme.
—Y tú tendrías que prometerme que nunca volverás a hacer nada tan estúpido.
—Prometer eso será fácil.
—Y tendrías que estar dispuesto a ser amable con Brandon.
Nicholas se puso tenso.
—Hemos hecho las paces. No respeto lo que hizo, pero yo no fui mejor que él. No sé si volveremos
a ser amigos, pero quién sabe. Todo es posible.
_____________ sonrió. Ese hombre nunca dejaba de impresionarla.
—Tendrás que prometerme cumplir todas mis fantasías.
Nicholas reaccionó al momento. Invadió de nuevo su espacio personal y la aplastó contra su pecho.
En sus brazos, _____________ se sintió segura, como si hubiera vuelto a casa.
—Esa es una promesa que no tendré ningún problema en cumplir —susurró él—. ¿Has tenido
más fantasías que debería conocer?
—Sólo una por el momento. —Aspiró profundamente, inhalando el aroma de Nicholas, sólido y
enigmático a la vez, el olor de la esperanza y del futuro, del buen sexo.
—¿Sí? —murmuró él contra su boca—. Cuéntamela, mon coeur.
_____________ bajó la mirada, respiró hondo y se lanzó.
—Que todo lo que hemos hablado se haga realidad. Quiero perdonarte...
—Y yo quiero que te pongas mi colgante. —Lo sacó del bolsillo—. Lo he llevado conmigo todo
este tiempo para sentirte cerca de mí.
— Nicholas —dijo _____________, deshaciéndose en lágrimas.
—Quiero cuidarte, amarte, tenerte siempre a mi lado —susurró él.
Detrás de ellos, Joe aplaudió y soltó un silbido digno de un estadio.
Nick se sobresaltó ante el sonido y soltó una palabrota. Dejó a _____________ a un lado y se
dirigió a la puerta. Agarró a Joe por el brazo.
—Deberías de saber que algunas fantasías son sólo para dos. —Empujó a Joe a la luz del
sol—. Vete a tu habitación.
—¿Para hacer qué? Son más entretenidos que las telenovelas de la tele.
—Que te den. — Nicholas le cerró la puerta en las narices, luego se acercó a _____________
otra vez—. ¿Por dónde íbamos?
Ella no pudo contener la sonrisa que le curvó los labios.
—Estábamos en la fantasía en la que nos amábamos para siempre.
—Todavía tengo esa fantasía. —Le ahuecó la cara entre sus cálidas y grandes manos, y la
miró fijamente con esos ojos oscuros y hambrientos—. ¿Podemos hacerla realidad, cher?
—Gracias a ti, ahora sé quién soy. —Le rozó la boca con un beso solemne—. Tus deseos... son
órdenes para mí.